miércoles, 26 de marzo de 2008

¿ELLOS SON LA PATRIA?



Una verdadera noche de furia en la Ciudad de la Furia. Porteños y porteñas salieron a sus coquetos balcones de Callao, Quintana, Alvear y Santa Fé a golpear sus cacerolas. Otros tomaron raudamente su auto importado o su 4x4 y salieron por la Av. Santa Fé a tocar bocina. Eran todos presentables, gente bien, "gente como uno" que se manifestaban ante el atropello que significaba, según su particular modo de ver, el discurso de la Presidenta.

El detonante de tan "espontánea" (¿?) manifestación fueron, precisamente, las palabras de Cristina Fernández. Afirmaba la Presidenta “la Argentina de los años 2003, 2002, 2001, miles de argentinos en piquetes, cortando calles, rutas, porque les faltaba trabajo. Eran los piquetes de la miseria y la tragedia de los argentinos. Este último fin de semana nos tocó ver la contracara, los piquetes de la abundancia, los de los sectores de mayor rentabilidad”. A continuación repasó la política oficial para el sector agropecuario desde 1991, “cuando se instaura la convertibilidad, se eliminaron las retenciones, eso sí, casi nos quedamos sin productores con el uno a uno. Es precisamente a partir del gobierno que se inicia en 2003 donde realmente comienza a tener competitividad el sector, no solamente por un alza en los commodities. Para los brasileños también subió el precio internacional, y sin retenciones, tienen menos rentabilidad que el sector agropecuario argentino. ¿Por qué? Muy simple, por un tipo de competitivo, que sostiene el Estado argentino (...), política sustentada por el Gobierno que también forma parte de la utilización del superávit fiscal.”

Palabras que desataron la furia de las señoras de Barrio Norte que se encontraban en sus casas y que sintieron una fuerza interior que les decía que había llegado la hora de salir a protestar. ¿Cómo podía la Sra. Presidenta comparar a los cortes de rutas de "el campo" con los piquetes de los piqueteros? Luego del batir de cacerolas, que probablemente nunca utilizaron para cocinar un puchero, se dirigieron a la agradable esquina de Callao y Santa Fé para que el mundo se entere de su indignación. "Es contra el discurso de la Presidenta" decían las señoras ante las cámaras de televisión. Sí, ciertamente de a poco se sumaron jóvenes y más tarde, después de recorrer Diagonal Norte, llegaron a Plaza de Mayo. Ahí se fueron sumando, de manera patética, algunos Diputados Nacionales de la Coalición Cívica de Carrió.

Las postales de la Plaza de la Sociedad Rural son muy ilustrativas. Las imágenes de los noticieros que transmitieron en vivo y en directo la protesta dejaban ver a una señora con su adolescente hija (rubias las dos) golpeando una cacerola con un palo de hockey; otra imagen mostraba a una pareja cuarentona con sus dos hijas, una con jumper y la otra con equipo de gimnasia de colegio católico; y todos muy bronceados y ninguno arribó a la Plaza desde Diagonal Sur, toda una señal.

Mientras ello sucedía en La Ciudad de la Furia, desde los medios se intenta confundirnos con que estamos frente a un PARO del campo, y como bien es sabido, el paro es el legítimo ejercicio del derecho de huelga de los trabajadores y no de los patrones. Acá, los dueños de los campos han decidido no abastecer al mercado interno, eso no es PARO sino que es LOCK OUT patronal, y no se trata del ejercicio del constitucional derecho de huelga, sino de una extorsión que toma de rehenes a toda la sociedad argentina. Tampoco nadie señala el atropello que significa que unos particulares (por más estancieros que sean) revisen la carga de los camiones que están en la ruta y decidan quien pasa y quien no.

En los medios de comunicación masiva nada nos puede asombrar si proviene del Diario La Nación y su "tribuna de doctrina", pero mención especial merece el título que el progre de Punta del Este, Jorge Lanata, le da al conflicto del campo. En su diario la llama "La guerra gaucha", ¡cuánta ignorancia! La guerra gaucha hace referencia a la obra literaria de Leopoldo Lugones cuyo relato transcurre en 1817 durante la Guerra de la Independencia, en la provincia de Salta, en el noroeste de nuestra patria, donde fuerzas irregulares integradas por GAUCHOS partidarios de la independencia, bajo el mando del general Martín Miguel de Guemes, realizaban acciones de guerrila contra el ejército regular realista, empeñado en la preservación de las colonias sudamericanas bajo el dominio de la monarquía española. Los patricios antepasados de los socios de la Sociedad Rural jamás hubiesen salido a pelear, eso lo dejaban para la "chusma".

El conflicto amenaza con prolongarse y nos tomará de rehenes a todos los argentinos de a pie, ya que nos costará conseguir leche, carne y todo otro derivado del campo. Una vez más, seremos los patos de la boda, y, seguramente, varios porteños y porteñas sufrirán nuevamente una especie social de "síndrome de Estocolmo" y saldrán a batir cacerolas en apoyo a la Sociedad Rural Argentina.

Si ellos son la Patria, yo soy extranjero!

martes, 18 de marzo de 2008

EL FÚTBOL SE MUERE


Un fin de semana sangriento con las canchas de fútbol como telón de fondo. Una vez más, nadie se hace cargo de lo que todos sabemos, nadie dice lo obvio. Tampoco hay quien haga su trabajo como debe hacerlo.

La muerte de Emanuel Alvarez, el hincha de Vélez que recibió un balazo en el tórax en cuando se dirigía en un micro a la cancha de San Lorenzo de Almagro no es un hecho ajeno al fútbol, y el "fútbol" es responsable.

No se puede decir honestamente que este trágico hecho nos sorprenda.

El clima de violencia que rodea cada domingo las canchas argentinas se respira y se vive desde que uno decide ir a ver un partido de fútbol. Todo se inicia con el viaje y la decisión del medio de transporte a tomar. Los alrededores de cada estadio se militarizan y lo que debería ser una fiesta se transforma en un injustificado calvario para el sufrido hincha de fútbol argentino.

Hasta cuando vamos a seguir escuchando a los dirigentes del fútbol decir que ellos no pueden hacer nada? O frases del estilo "se trata de un hecho policial"?

Cuándo, realmente, se van a ocupar de proteger al HINCHA? Las soluciones que se proponen son siempre demagógicas como para que los medios de comunicación digan que la AFA y los clubes, o los funcionarios y la policía están haciendo algo. ¿Alguien puede pensar seriamente que suspendiendo el fútbol se va a acabar la violencia? Eso es como decir que debido a la gran cantidad de robos cometidos por los denominados "motochorros" la solución pasa por prohibir la venta de motos.

Mencionábamos el clima de violencia que se vive desde que uno decide ir a la cancha. Ese clima es alimentado por la Policía Federal y sus monstruosos operativos con cada vez más efectivos (agentes) y cada vez menos efectivos a a la hora de prevenir hechos de violencia. El caso de Emanuel es una muestra cabal de ello. Micros con hinchas de Velez escoltados por la policía que ni siquiera han podido, no ya identificar al agresor sino identificar desde donde provino el disparo.

Dirigentes que son amigos de los barras constituyen el otro eslabón de la cadena de violencia que se vive en el fútbol. Aguilar es la muestra más patética de ello. Macri y Pompilio también. Los clubes hacen de cuenta que vigilan, pero después sus dirigentes no denuncian a ningunos de los "barras", que en su mayoría son socios del club, en otros casos, empleados también y, por desgracia, los nombres de los jefes de las barras son repetidos hasta por los chicos que van con sus padres a las canchas.

Del otro lado, el periodismo contribuye a generar el folklore del aguante y del mito de los hinchas que siguen al club de sus amores a todos lados. Les hacen notas a los jefes de las barras y nos quieren hacer creer que ellos son el "alma del fútbol". Nobleza obliga, en este punto hay que hacer la salvedad de que existen excepciones de aquellos que desde sus crónicas han denunciado a los delincuentes y sus vinculaciones con los dirigentes.

Quienes tienen brindarnos seguridad y quienes lucran con el fútbol callan lo que todos sabemos. Sabemos que la reventa de entradas las manejan las barras, sabemos que en los recitales la barra del club del estadio en que se realiza es parte de la seguridad y que maneja los "estacionamientos" en los alrededores, sabemos que los jefes de las barras trabajan de barras bravas, sabemos que son siempre los mismos y que la policía no los toca, etc.

Desde este pequeñísimo lugar creemos que se puede comenzar a erradicar la violencia en el fútbol garantizando al hincha, al espectador un trato humano al ingresar a los estadios. Con operativos policiales razonables que no traten como ganado a los que van a la popular, ni a los visitantes. Con ingresos organizados para que no sean un embudo en dónde todo el mundo empuje y se convierta en un escenario propicio para los pungas y para el robo de entradas.

Después de eso, QUE NADIE MÁS INGRESE SIN ENTRADAS A LAS CANCHAS porque también todos sabemos que las barras bravas entran sin entrada. A partir de allí, muchos indeseables no ingresaran a las canchas.

Sí, suena fácil y simplista pero si alguna vez concurrieron como hinchas a un estadio de fútbol sabrán de que se habla. No podemos esperar nada de Grondona, ni de Castrilli, ni de sus amigos; ellos no pueden ser parte de la solución porque son parte del PROBLEMA.

Emanuel Álvarez nos duele a todos los hinchas de fútbol de la Argentina, porque con Emanuel se está muriendo de a poco el fútbol.

CIRCULAR DEJARÁS! "2"




Signo de los tiempos que corren, en los cuales se habla de "el campo" como un actor social más, desde LA CIUDAD DE LA FURIA reflexionamos sobre el derecho a la libre circulación que tanto Macri, como su Fiscal estrella (Germán Garavano) defendieron con devoción durante los primeros días del año. Circular dejarás!, titulaba este blog.

No será nuestra intención ser originales y desde este humilde lugar reconocemos la lúcida pluma de Mario Wainfeld, quien en su columna dominical del diario Página/12 decía:

Un lock out se nombra con la proletaria expresión “paro”. Un corte de rutas expandido se bautiza “tractorazo”. Se llama “campo” al conjunto de entidades representativas de los productores, excluyendo tácitamente del pronombre colectivo a los castigados asalariados. Hay pactos implícitos entre sectores corporativos y muchos medios de difusión que denotan la imbricación entre el poder y el manejo del lenguaje, como predicaron Lacan y Humpty Dumpty.
Cuando los trabajadores –ocupados o desocupados– apelan al piquete o a la huelga, proliferan como hongos los reproches a la falta de imaginación de la protesta y los cálculos a mano alzada sobre los costos económicos de la acción. Cuando obran así corporaciones más presentables, se soslayan. Sin embargo, a ojito, da la impresión que un lock out no es muy inventivo. Y que cortar rutas en la Argentina no es el colmo de la creatividad. Pero son pocos los que registran minucias.
Cuando se levantan los productores se decide que su bronca prueba que tienen razón. No es igual con la crispación de los camioneros o los petroleros de Santa Cruz.
Cuando las entidades agropecuarias limitan la libertad ambulatoria, los diarios de negocios o tribunas de doctrina abandonan su estribillo favorito, aquel que reza que “los derechos de uno terminan donde empiezan los de los demás”.

Durante estos días no habrá ningún Fiscal Federal, que al estilo Garavano, intente procesar a algún dirigente de la paqueta, tradicional y oligárquica Sociedad Rural... el corte de ruta sólo es delito cuando los que las cortan son trabajadores o desocupados.

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